¿Qué le pasó a Louis Le Prince?
Por Mairi Larroque | 2025

Tras la desaparición de Louis Le Prince el 16 de septiembre de 1890, la investigación oficial que se puso en marcha para tratar de encontrarlo o esclarecer lo que le ocurrió fue insuficiente e ineficaz. Frustrada por la falta de respuestas, la familia contrató a detectives privados con la esperanza de encontrar alguna pista, pero tampoco ellos lograron resolver el misterio. Desde entonces, el caso ha generado numerosas hipótesis, algunas más documentadas que otras. Antes de explorarlas, conviene detenerse en el contexto de la época y en las limitaciones de una investigación llevada a cabo hace más de un siglo.
Limitaciones de la época
La denuncia formal ante la policía francesa y Scotland Yard se realizó varias semanas después de la última vez que se le vio. En un principio, no había sospechas de que algo grave hubiera ocurrido, pues su ausencia fue interpretada como una simple demora en un itinerario con múltiples escalas: después de París, Le Prince debía viajar a Londres y luego a Leeds para recoger sus pertenencias, antes de embarcarse finalmente en Liverpool con destino a Nueva York. En una época en que la movilidad y la comunicación eran muy distintas a las actuales, los retrasos en trayectos tan largos eran frecuentes.
Aunque tanto la policía francesa como la británica ya contaban con años de existencia, sus métodos de investigación estaban aún en desarrollo:
El sistema ferroviario europeo de finales del siglo XIX estaba bastante desarrollado, pero su funcionamiento no priorizaba la identificación de pasajeros:
Para imaginar cómo era la dinámica de una estación de tren basta con mirar la película L’Arrivée d’un train en gare de La Ciotat (La llegada de un tren a la estación de La Ciotat), 1896, de los hermanos Lumière donde se ve claramente la ausencia de controles, la libertad de movimiento y la fugacidad de los encuentros en los andenes.
Un rostro difícil de pasar por alto
Otra información relevante es la contextura física de Le Prince. Era un hombre alto, medía más de seis pies (alrededor de 1,93 metros), lo que lo hacía más alto que el promedio de los hombres de su época. Tenía el cabello gris y un vello facial muy característico: patillas abundantes unidas a un gran bigote, dejando la barbilla afeitada, un estilo conocido entonces como “barba à la Souvorov”. Sus rasgos lo hacían fácilmente reconocible.

Un caso abierto
Ahora que comprendemos mejor el contexto de su vida, del momento histórico y de las limitaciones de la época, podemos adentrarnos en las principales hipótesis que, a lo largo del tiempo, han intentado explicar este misterio. Algunas se basan en hechos documentados, otras en conjeturas más o menos plausibles. Ninguna ha logrado cerrar el caso. Pero todas arrojan luz sobre las múltiples formas en que una desaparición puede resonar a través del tiempo.
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