El desconocido precursor del cine
Con Le Prince empezó todo, Parte II
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Por Mairi Larroque | Septiembre, 2025
Tras sentar las bases de su invención en Nueva York con un prometedor aunque imperfecto prototipo, Louis Le Prince cruzó de nuevo el Atlántico en busca de los recursos para culminar su proyecto. Esta nueva etapa en Europa sería el escenario de su mayor triunfo —lograría filmar las primeras imágenes en movimiento de la historia— y, a la vez, el preludio de su misteriosa desaparición.
Parte II
De regreso a Leeds
En 1887 Le Prince viajó sin su familia a Leeds, convencido de que su ausencia sería breve. La ciudad inglesa le ofrecía el entorno ideal para culminar su invento: contaba con el apoyo financiero de su suegro, Joseph Whitley, y con acceso directo a las instalaciones y al personal técnico de la empresa Whitley Partners. Al poco tiempo de llegar instaló su propio taller en las inmediaciones de la empresa.
Tras más de un año de pruebas, Le Prince construyó un receiver más sofisticado que su prototipo neoyorquino, un aparato que funcionaba con un solo lente. Aunque el principio general seguía siendo similar, el mecanismo del obturador giraba ahora a una velocidad unas quince veces mayor, para compensar la ausencia de los otros quince objetivos. Una mejora decisiva fue la sustitución de las pesadas placas de vidrio por un soporte revolucionario desarrollado por George Eastman —el empresario que poco después fundaría Kodak—: un material flexible y enrollable que permitía registrar secuencias de movimiento en una única tira de papel sensibilizado. Le Prince supo ver el potencial de este invento y lo incorporó en su cámara, logrando algo que hasta entonces había sido imposible con las rígidas placas de vidrio: capturar imágenes sucesivas en una única tira de película sensibilizada. Fue un paso crucial que, aunque en su momento pasó inadvertido, posteriormente abría el camino hacia el cine con pioneros como Edison y los hermanos Lumière.

Cámara con un solo lente 
Mecanismo interno
En octubre de 1888, Le Prince instaló su nueva cámara en el jardín de la casa de sus suegros y filmó una breve escena donde los presentes posaron para él. En el fragmento que ha sobrevivido —reconstruido décadas después y de apenas algo más de un segundo de duración—, aparecen su hijo Adolphe, los señores Whitley y Annie Hartley, caminando y girando en círculos. Esta filmación, hoy conocida como Roundhay Garden Scene, es considerada la primera película de la historia.
Además de esa escena, se conservan fragmentos de otras pruebas realizadas ese mismo año, como Traffic Crossing Leeds Bridge, que captura el movimiento del tránsito urbano, y una breve secuencia de Adolphe tocando el acordeón. En su conjunto, estas imágenes son vestigios frágiles pero esenciales del nacimiento del cine.
Los primeros logros de Le Prince con su nuevo receiver fueron compartidos solo con un círculo reducido de amigos, a quienes proyectó sus películas con su deliverer experimental. Para aquellos primeros espectadores, ver imágenes de personas o del tráfico de la ciudad moviéndose sobre una pantalla improvisada debió de ser una experiencia casi mágica. Lo que presenciaban era algo que parecía imposible: fotografías que, de pronto, cobraba vida.
El éxito de estas pruebas lo convenció del inmenso potencial de su invento. De inmediato, en noviembre de 1888, envió una nueva solicitud de patente a Estados Unidos, que le fue concedida en enero de 1889. Sin embargo, Le Prince sabía que, a pesar de tener la patente, aún debía perfeccionar la tecnología antes de presentarla al mundo. Estaba seguro de que su invención no solo transformaría la manera de captar la realidad, sino que redefiniría el arte de representarla.
Tras casi tres años en Leeds —una estancia mucho más larga de lo planeado— y con el invento funcionando adecuadamente, Le Prince consideró que había llegado el momento decisivo. Regresaría a Nueva York. La ciudad que había visto nacer su idea sería ahora el escenario de su presentación oficial.
De Dijon a ninguna parte
Mientras Louis ultimaba los detalles de su revolucionario aparato en Europa, su familia en Nueva York buscaba un lugar adecuado para su presentación. Pero en septiembre de 1890, antes de regresar a Estados Unidos, Le Prince viajó a Dijon para atender asuntos familiares, y ocurrió lo inesperado: al abordar un tren rumbo a París, desapareció sin dejar rastro. Se ha sugerido que podría haber llevado consigo documentos, planos y detalles de su invento, ya que su plan era continuar hacia Inglaterra y luego viajar a Nueva York para presentarlo públicamente. Si los llevaba o no, lo cierto es que su desaparición lo excluyó de la historia de los orígenes del cine.
En los meses siguientes, Edison patentó el kinetógrafo y el kinetoscopio, y en 1893 comenzó a comercializarlos, consolidando su posición como pionero de la imagen en movimiento en Estados Unidos. Poco después, en 1895, los hermanos Lumière presentaron su cinematógrafo en París, una cámara que, a diferencia del kinetoscopio, podía proyectar las imágenes ante una audiencia, inaugurando la proyección pública de películas y estableciendo el nacimiento del cine tal como lo conocemos, una idea en la que Le Prince ya había trabajado y que había probado con sus allegados.
Su invento, que podría haber cambiado la historia, quedó relegado al olvido. Su desaparición truncó la posibilidad de reconocimiento y dejó su propuesta silenciada, ya que al no aparecer su cuerpo no podía ser declarado oficialmente muerto. Esto impidió que su familia actuara legalmente para reivindicar su rol como precursor, aunque lo intentaron durante años. Finalmente, tuvieron que esperar siete años para obtener derechos legales sobre sus propiedades y patentes, y para entonces ya era demasiado tarde.
Aquel 16 de septiembre de 1890, el destino de Louis Le Prince destino, que avanzaba con paso firme hacia la gloria, tomó un desvío fatal. Lo que ocurrió en el trayecto entre Dijon y París sigue siendo un enigma sin resolver. A lo largo del tiempo, han surgido múltiples hipótesis para explicarlo, pero ninguna ha podido ser probada.
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